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martes, 17 de junio de 2014

La vanidad es rosa

La condición humana. Me seduce mirar, una y otra vez, la humana calavera. Símbolo de nuestra condición efímera, y de la vanidad de nuestros actos y pensamientos.

La reflexión sobre la condición humana no conduce, de la mano de artistas contemporáneos, necesariamente a especulaciones más o menos sombrías. Rescatan la dosis de ironía que ya los maestros flamencos del siglo XVII dejaban adivinar en sus obras, a veces mirando con sarcasmo las glorias vanas de la belleza; en otras, pintando la otrora circunspecta osamenta de un divertido color rosa.

Los fotógrafos Roberto González Fernández y David Trullo confeccionaron este divertido montaje fotográfico donde se fotografiaron a sí mismos disfrutando de los "placeres de la vida" (pata de jamón serrano incluida), sobre el túmulo en el que yacen jóvenes. Juventud que, sin esos "placeres", ¿en qué hubiera quedado?

Vanitas vanitatis, 2007
La siguiente es obra del escultor estadounidense Nathan Mabry (n. 1978), presenta dos calaveras de bronce sobre pedestal de madera. Las máscaras de animales (la trompa de un elefante para la escultura masculina y el hocico de un camello para la femenina) dotan a la pareja escultórica un sentido histriónico de múltiples interpretaciones. No descarto las sexuales.

Vanitas-She y Vanitas-He, 2008

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Por último, la obra de Lola Kabuki, que parte de un dibujo original con tinta y acuarela. El resultado es una obra irreverentemente colorida tras sufrir un proceso de retoque digital. Y esa irreverencia es la que marca la tendencia: no nos divierte la muerte, pero al menos se procura que no nos amargue la vida.

La muerte es rosa, 2014
Enlace: Lola Kabuki


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No he podido resistirme a la tentación de pensar en esa otra muerte rosa de André Breton, que no explica pero tampoco contradice las vanidades que aquí se exponen.

La muerte rosa
(La mort rose)

Los pulpos alados guiarán por última vez la barca cuyas
velas están hechas de ese solo día hora a hora
Es la velada única tras la cual sentirás subir por tus cabellos
el sol blanco y negro
De los calabozos rezumará un licor más fuerte que la muerte
Cuando se la contempla desde lo alto de un precipicio
Los cometas se posarán suavemente en los bosques antes
de fulminarlos
Y todo pasará dentro del amor indivisible
Si el motivo de los ríos nunca desaparece
Antes de que sea completamente de noche observarás
La gran pausa de la plata
Sobre un pescador en flor aparecerán las manos
Que escribieron estos versos y que serán husos de plata también
Y también golondrinas de plata sobre el oficio de la lluvia
Verás el horizonte abrirse y de pronto habrá acabado el
beso del espacio
Pero el miedo ya no existirá más y los cristales del cielo y del mar
Volarán por el viento con más fuerza que nosotros
Qué haré yo con el temblor de tu voz
Sonríe danzarina alrededor del único lustro que no caerá
Trampa del tiempo
Subiré los corazones de los hombres
Para una suprema lapidación
Mi hambre dará vueltas como un diamante demasiado tallado
Trenzará los cabellos de su hijo el fuego
Silencio y vida
Pero los nombres de los amantes se olvidarán
Como la adónica gota de sangre
En la luz enloquecida
Mañana engañarás a tu propia juventud
A tu gran juventud luciérnaga
Los ecos solos harán moldes de todos los lugares que existieron
Y en la infinita vegetación transparente
Te pasearás con la celeridad
Que se pide a los animales de los bosques
Acaso te desgranes entre mis despojos
Sin verlos lo mismo que uno se arroja sobre un arma fluctuante
Pero yo perteneceré al vacío semejante a los Peldaños
De una escalera cuyo movimiento se llama muy penoso
Para ti los perfumes desde entonces los perfumes prohibidos
Lo angélico
Bajo el musgo esponjoso y bajo tus pasos que no existen
Mis sueños serán vanos y formales como el rumor de los
párpados del agua en la sombra
Me introduciré en los tuyos para sondear la profundidad
de tus lágrimas
Mis llamadas te dejarán dulcemente vacilante
Y en el tren hecho de tortugas de hielo
No tendrás que tirar de la señal de alarma
Llegarás sola a esta playa perdida
Donde una estrella descenderá sobre tus equipajes de arena

Versión de Manuel Álvarez Ortega

En: Arte, Poesía