"Papá" es el "hombre enfadado". Podría ser diferente, él quiere ¿y no puede? La valentía del niño por contarlo y la ayuda del "Rey Harald" pondrán remedio. "Papá" será papi, y disfrutará de la compañía de su hijo los domingos. Esto en noruego, porque en español se traduce un fin de semana sí, otro no. Grosso modo.
La película de Anita Killi (Stavanger, Noruega, 1968) sirve a un modelo sin paliativos de denuncia. La del maltrato infantil. Tanto es así que el cortometraje ha sido engalanado con toda suerte de premios. Sinna Man (El hombre enfadado, 2009) ha sido la película más premiada del año 2010. Se basa en un libro escrito por Gro Dahle e ilustrado por Svein Nyhus.
Pero compartir el mensaje no me hace proclive a alabar su cualidad de mercenaria. La animación es buena, qué duda cabe, y la denuncia más que loable. Pero en ningún momento se me quitaba de la cabeza que toda la trama servía al organismo que le dio su estipendio. Es una historia de manual, de esas que reciben el aplauso del público, de los críticos que difícilmente podrán ponerle peros, de los jurados conmovidos por la realidad que se esconde tras la historia de Boj.
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