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martes, 30 de diciembre de 2014

Absenta (Portrait of)

Vaso de absenta (Pablo Picasso, 1914)
En este vaso de absenta de Picasso (1914), se
puede ver la cucharilla con el terrón de azúcar.
Sabido es que los artistas han encontrado (o creído encontrar) en los efectos alucinógenos de ciertas bebidas y drogas la musa de su inspiración. Ha ocurrido desde siempre, me imagino que seguirá ocurriendo... Y eso a pesar de la noble (se puede debatir el adjetivo) recomendación de los gobiernos de que su consumo es pernicioso para la salud.

Así que me he acordado, en estas fechas en que estamos, más receptivos que en otras a la ingesta abusiva de alcohol, de una bebida célebre en otros tiempos como fue la absenta (también llamada ajenjo). Célebre, pero también letal (por su alto contenido en tujona, una cetona tóxica que produce daños hepáticos y cerebrales y que, a elevadas dosis, resulta mortal). Tanto es así que en Francia, país que ayudó como ninguno a su internacionalización debido a los ambientes bohemios entre los que se popularizó, prohibió su producción en 1915.

En realidad, se trata de una bebida de fuerte graduación que combina los extractos de tres plantas, principalmente: el ajenjo (artemisia absinthium),  hojas de anís y de hinojo. Solía servirs con una cucharilla perforada en la que se ponía un terrón de azúcar, que se disolvía lentamente al añadirle agua fría. Por lo general, el licor resultante era de color verde, de ahí que fuera conocido como "la fée verte" (hada verde), aunque al añadirle agua adquiría tonalidades más lechosas y turbias.

Queda claro el significado del siguiente cuadro del checo Viktor Oliva, con una musa inspiradora del artista, pero que también lo atormenta:

Piják absintu (El bebedor de absenta, 1901)
Piják absintu (1901)

Por cierto, esta obra la podemos ver en el famoso Café Slavia de Praga:




El ajenjo está también en los ojos apagados de los retratados, en sus miradas esquivas, en los rostros enervados por el prolongado consumo, en las muecas retorcidas, está en un vaso sobre una mesa aislada o en una botella ya vacía que rueda por el suelo... Pero también está en la mirada enfebrecida del artista, en su ensoñación creadora aunque turbulenta, en el trago homicida pero redentor. Juzgad vosotros qué sesgo trataron de imprimir en sus retratados estos bebedores de absenta, Picasso, Manet, Degas, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Van Gogh, Munch... Cuánto hay de reproche, cuánto de exaltación, en la bebida que muestra algo terrible y verdadero más allá de la alucinación, mediante un sacrificio que el artista, no obstante, está dispuesto a hacer con tal de verlo.


Albert Maignan, La muse verte (1895)
Albert Maignan, La muse verte (1895)


Edgar Degas, Dans un café (también conocido como l'Absinthe), 1873
Edgar Degas, Dans un café (también conocido como l'Absinthe), 1873


Pablo Picasso, La bebedora de ajenjo (1901)


Édouard Manet, Le buveur d'Absinthe (1859)
Édouard Manet, Le buveur d'Absinthe (1859)

Henri de Toulouse-Lautrec, Buveuse d'absinthe, à Grenelle (1886)
Toulouse-Lautrec, Buveuse d'absinthe, à Grenelle (1886)


Henri de Toulouse-Lautrec, Portrait de Vincent van Gogh (1887)
Toulouse-Lautrec, Portrait de Vincent van Gogh (1887)


V. Van Gogh, Stillleben mit Absinth (1887)
Van Gogh, Stillleben mit Absinth (1887)


Edvard Munch, Absinthe Drinkers (1890)
E. Munch, Absinthe Drinkers (1890)


Paul Gauguin, Café de Nuit, Arles (1888)
Paul Gauguin, Café de Nuit, Arles (1888)



En: Arte

viernes, 14 de febrero de 2014

El juego del arte

Proponer un juego de arte, tal vez, sea la más descarada de las redundancias. O tal vez, es uno de esos bucles infinitos, si entendemos el arte en general como un juego. Si profundizamos, apreciaremos las diferencias de bulto:
  • En el juego como en el arte existen reglas que permiten su proceso, así como la comprensión de su desarrollo por parte de todos los integrantes. Pero mientras que lo que determina el juego, stricto sensu, es el sometimiento a las reglas, en el arte la tendencia es romperlas. El buen jugador domina el campo que las reglas le determinan; el artista, el buen artista (si le damos validez a esta cualidad) es aquel que "ensancha" el campo.
  • El juego es innato, todo ser humano aprende y se desarrolla jugando. No está tan claro el desarrollo artístico, que depende de las condiciones personales y ambientales del individuo.
  • El juego y el arte comparten ser vías de expresión, con componentes intelectuales y emocionales propios. Pero mientras que el juego transita por "vías comunes", las del artista son propias (incluso cuando se trata de producciones colectivas) y difícilmente transitables en su totalidad.
  • El placer es un nexo de unión entre juego y arte, indudablemente. La perdurabilidad de ese placer, incluso, podría ser tema de debate. Y el componente formal que ese placer adquiere en el arte, también.
El tema no es nuevo, y en especial cabría mencionar las teorías expuestas en la Psicología del arte. O la lectura de Nietzsche, claro.

El cometido de la anterior entrada no quería llegar tan lejos. Era pura diversión, y la solución al reto no se hace esperar más. Vuelvo a dejaros el enlace al vídeo, en el que suena (alguno lo habrá adivinado), el Estudio op. 10 nº3, de Frédéric Chopin.


Por orden de aparición:

Nascita di Venere, ca. 1484
Nacimiento de Venus, Sandro Botticelli
Ea haere ia oe, 1893
Ea haere ia oe, Paul Gauguin
La Grande Odalisque, 1814
La gran Odalisca, Dominique Ingres
La Mort de Marat, 1793
La muerte de Marat, Jacques-Louis David
Nu couché, 1917
Desnudo reclinado, Amedeo Modigliani
El barco, 1943
El barco, Salvador Dalí
La Gioconda (o Mona Lisa), ca. 1503-1519
La Gioconda, Leonardo da Vinci
Las Meninas, 1656
Las Meninas, Diego Velázquez
La maja desnuda, ca. 1790-1800
La maja desnuda, Francisco de Goya
La maja vestida, ca. 1802-1805
La maja vestida, Francisco de Goya
El matrimonio Arnolfini, 1434
El matrimonio Arnolfini, Jan van Eyck
L'Odalisque Brune, 1745
La odalisca, François Boucher
Venus del espejo, ca. 1647-1651
Venus del espejo, Diego Velázquez
Como habréis podido observar, he puesto las dos majas de Goya, ya que la fotografía de Patrick Nichols, Gaia mesnuda (2005) es un juego de palabras entre mezzo (=medio) y desnuda. Así que ni vestida ni lo contrario.


En: Arte

viernes, 8 de febrero de 2013

La hora sexta, sucumbir a la meridiana

Volvamos al sueño, el que ayer me pudo y al que hoy venzo. Y hablemos de un gran aliado de mi victoria: la siesta. Su nombre proviene de la sexta hora solar, la que utilizaban los antiguos romanos.

Hoy traigo aquí la habitual serie de vencidos por el sueño, como hago cada vez que no publico una entrada la noche antes. Pero esta vez, que sean durmientes meridianos, los rendidos por la fatiga del trabajo, los sucumbidos ante la delicia de una sombra bajo el calor pesado del mediodía, los reponedores de fuerzas para el resto de la jornada.


An Afternoon Idyll 
(Auguste Toulmouche, 1874)

The siesta 
(Jean-François Millet, 1866)

La méridienne ou la sieste (d'après Millet)
(Vincent Van Gogh, 1890)

La siesta 
(Pablo Ruiz Picasso, 1919)

La sieste 
(Paul Gauguin, 1892-94)

La hamaca
(Gustave Courbet, 1844)

La siesta
(Joaquín Sorolla, 1912)

The Siesta 
(Frank Duveneck, 1887)

The Siesta
(Frank Duveneck, h. 1887)

Está bien por ahora. Toca sentir la hierba, oír el silencio natural del mundo que rodea al durmiente, de arrojarse a la duermevela, y si el insomnio no lo impide, arrojarse a los brazos del sueño.
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CATEGORÍAS: Arte, Pintura