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jueves, 22 de enero de 2015

Colección de anadiómenas II

Con menos palabras que en la anterior entrada voy a introducir esta recopilación de Venus anadiómenas, centradas en un periodo artístico que aglutina las tendencias academicistas, románticas, y simbolistas de finales del XIX. Añado las obras que, desentonando con las tendencias vanguardistas de principios del XX, mantienen viva, o bien la visión exaltada y pasional de la diosa propia del Romanticismo; o bien, el predominio del dibujo, la forma y la estructura, de inspiración griega y romana, características del Neoclasicismo. O dicho de otra forma, obras (algunas muy conocidas) bastante desfasadas en lo que a términos historicistas se refiere. Mención aparte merecen las obras simbolistas que traigo aquí (Gustave Moreau, Arnold Böcklin) que, aunque acordes a su tiempo y suponiendo una enorme influencia en la pintura surrealista de principios del XX, técnicamente no suponen una gran diferencia con sus predecesores románticos. No incluyo las obras del simbolista Odilon Redon, que a pesar de haberse ocupado en repetidas ocasiones del nacimiento de la diosa, se aleja de sus contemporáneos simbolistas en cuanto a técnica y también en lo que a finalidad se refiere (quedan aplazadas para otra entrada). También se puede apreciar en las obras posteriores a 1900 una pincelada más suelta, con contornos más desdibujados, propias del impresionismo, pero sin definirse dentro del movimiento.

Os dejo, para acompañar la visita, la música de Respighi. Se trata de una composición inspirada en cuadros de Botticelli, conocida como Trittico Botticelliano (1927), en tres movimientos, de los que traigo el tercero, La Nascita di Venere, aunque invito al lector a indagar más en la música de este compositor, bastante desconocido si nos alejamos demasiado de sus Pinos de Roma (1924).





Henry Courtney Selous, The Birth of Venus (1852)
Henry Courtney Selous, The Birth of Venus (1852)


Amaury Duval, La Naissance de Vénus (1862)
Amaury Duval, La Naissance de Vénus (1862)
Sí, el parecido con la Venus de Ingres es toda una declaración de intenciones


Gustave Moreau, Vénus sortant de l'Onde (1866)
Gustave Moreau, Vénus sortant de l'Onde (1866)


Gustave Moreau, La naissance de Vénus o Vénus et les pêcheurs (ca. 1866)
Gustave Moreau, La naissance de Vénus o Vénus et les pêcheurs (ca. 1866)


Arnold Böcklin, Vénus anadyomène (1872)
Arnold Böcklin, Vénus anadyomène (1872)


Fritz Zuber-Buhler, La naissance de Vénus (1877)
Fritz Zuber-Buhler, La naissance de Vénus (1877)


Robert Fowler, Birth of Venus (1879)
Robert Fowler, Birth of Venus (1879)


William-Adolphe Bouguereau, La Naissance de Vénus (1879)
William-Adolphe Bouguereau, La Naissance de Vénus (1879)


Jean-Léon Gérôme, Naissance de Vénus (1890)
Jean-Léon Gérôme, Naissance de Vénus (1890)


Henri Gervex, La Naissance de Vénus (1907)
Henri Gervex, La Naissance de Vénus (1907), el que se expone actualmente en el Petit-Palais (París)


Henri Gervex (atribuido), La Naissance de Vénus (1922)
Henri Gervex (atribuido), La Naissance de Vénus (1922)
Esta obra es una copia de la anterior. Se le atribuye al propio Gervex,
y está firmado y fechado en la esquina inferior derecha.


Ettore Tito, Nascita di Venere (1903)
Ettore Tito, Nascita di Venere (1903)


En: Arte, Música

miércoles, 21 de agosto de 2013

Requiem for myself

Decía Sócrates que el filósofo debía prepararse para la muerte. Son muchos los artistas que se han retratado aludiendo al carácter efímero de su existencia. Una calavera, o la propia muerte personificada, aparecen en sus lienzos como compañera fatal.


Thomas Smith, Self Portrait (ca. 1690)
Thomas Smith, Autorretrato (ca. 1690)

Arnold Böcklin, Selbstporträt mit fiedelndem Tod (1872)
Arnold Böcklin, Autorretrato con la Muerte tocando el violín (1872)


Hans Thoma, Self portrait with Love and Death (1875)
Hans Thoma, Autorretrato con Amor y Muerte (1875)


Lovis Corinth, Self Portrait with Skeleton (1896)
Lovis Corinth, Autorretrato con esqueleto (1896)



Max Pechstein, Self Portrait With Death (1920)
Max Pechstein, Autorretrato con Muerte (1920)


Georgia Stafford, Self-Portrait with Hot Air Death Mask (1983)
Georgia Stafford, Autorretrato con Máscara de aire caliente de la Muerte (1983)

Aunque a menudo se tratan de obras de encargo, no puedo dejar de pensar que un réquiem es como uno de estos lienzos en los que el compositor se retrata junto a la ineludible. Os dejo con el más famoso de ellos (¿hay alguien que no haya escuchado Lacrimosa de Mozart?) y cuya leyenda ahonda en este sentimiento. Forma parte de mis recuerdos cuando estaba en un coro. También interpreté otro requiem, el de F. Liszt, menos famoso, del que hicimos el estreno en España (creo que fue en diciembre del 97, en Segovia). Eran "buenos tiempos para la lírica".




En: Arte, Música


viernes, 9 de agosto de 2013

La isla de los muertos

La isla de los muertos, op. 29 es un poema sinfónico de Serguéi Rajmáninov (Серге́й Рахма́нинов, 1873-1943), correspondiente al periodo más prolífico y feliz del compositor ruso.

Retrato de Serguéi Rajmáninov, Konstantin Somov
Retrato de Serguéi Rajmáninov (Konstantín Sómov, 1925)
Se trata de una composición bellísima, compuesta en 1908, e inspirada en la obra del pintor Arnold Böcklin (1827-1901). Deteneos aquí, escuchad la música y, si os apetece "saber más", seguid leyendo.


En la obra, el uso del compás 5/8 sugiere el vaivén de las olas. Se trata de un compás irregular, y además, el compositor alterna la distribución de los acentos, para acentuar aún más esa irregularidad. Muchos grupos del rock progresivo de los años 70 utilizaron también este compás. La obra comienza suavemente, y protagoniza un espectacular crescendo, rompiendo la quietud de la isla con la llegada del siniestro barquero. A partir del minuto '16 se producirá un repentino silencio roto por un Dies Irae, sin duda la parte más conmovedora de la pieza. La llegada de Caronte a la isla, sin embargo, es tranquila. Como si los temores a la isla se estuvieran disipando y a cambio se aceptara una nueva vida.

Rajmáninov había visto el cuadro de Böcklin un año antes, en 1907, en París. El pintor suizo llegó a realizar hasta cinco versiones del tema: Caronte es el barquero que tenía la misión, en la mitología griega, de pasar las almas de los muertos a través de los pantanos del Aqueronte hasta la orilla opuesta. Éstos pagaban al viejo barquero con un óbolo, de ahí la costumbre en la antigua Grecia de introducir una moneda en la boca de los cadáveres en el momento de enterrarlos. A Caronte se le representa como un anciano barbudo, vestido de harapos y con un sombrero redondo.

La versión de los cuadros contradice el relato mitológico, ya que Caronte debía conducir la barca, pero no llevar los remos. Esto era algo que debía hacer el muerto. Sin embargo, en las pinturas veremos a Caronte remando, y delante de él, el alma, amortajada de blanco, permanece inmóvil frente a un ataúd. En cualquier caso, el relato mitológico es sólo una posible interpretación, ya que Böcklin nunca dio ninguna explicación del cuadro, y ni siquiera les puso título (fue iniciativa de un marchante de arte).

De las cinco versiones, la cuarta se considera perdida (en la 2ª Guerra Mundial) y sólo se conserva una versión fotográfica en blanco y negro. En contraposición al tono lúgubre de esta serie, Böcklin realizó un lienzo más, en 1888, que tituló La isla de los vivos.

Arnold Böcklin, La isla de los muertos (1880)
1ª versión, de 1880, en el Kunstmuseum de Basilea.
Arnold Böcklin, La isla de los muertos (1880)
2ª versión, de 1880, en el Metropolitan de Nueva York,
Arnold Böcklin, La isla de los muertos (1883)
3ª versión, de 1883, en el Alte Nationalgalerie de Berlín
Arnold Böcklin, La isla de los muertos (1884)
4ª versión, de 1884
Arnold Böcklin, La isla de los muertos (1886)
5ª versión, de 1886, en el Museo de Bellas Artes de Leipzig
Arnold Böcklin, Die Lebensinsel
La isla de los vivos (1888), en el Kunstmuseum de Basilea

CATEGORÍAS: Arte, Pintura, Música