lunes, 24 de diciembre de 2012

Mi homúnculo

No son tan ajenos a nosotros. Los homúnculos, que la RAE desprecia y la Alquimia ensalza, son nuestros dobles.

Definimos: un homúnculo (Del lat. homuncŭlus), se refiere a un hombre pequeñito. Tiene connotaciones despectivas (así en la RAE). Pero para la alquimia, se trata de la creación de un doble del ser humano diminuto. Su creación, referida en este artículo en clave de humor, abre varios debates anodinos:

  • Sustancialidad
  • Entidad
  • Finalidad
  • ¿Poseen alma? ¿Es propia?
  • Atributos
  • Etc.
Y un sinfín de temas que, a falta de un laboratorio alquímico a mano, dejaremos para la invención soñada. Por mi parte, hoy les presento a mi homúnculo:


Este es mi doble, un doble diminuto, que me representa en esta esfera de la virtualidad. Que habla por mí, que conversa por ahí en mi nombre, pero que no soy yo. Me asaltan muchas dudas: si su alma y la mía es la misma; si yo soy el sujeto y él mi complemento agente; si sus atributos se miden en una escala humana, incluida la moral; si ha sido creado como un sirviente, como un defensor, o como un rebelde; si comparte mis aficiones o por el contrario es capaz de desarrollar los suyos propios; si me obedece o es desobediente adrede; si desertará; si morirá; si...

Porque, no sé si estaréis de acuerdo conmigo: cuando creamos un avatar, un homúnculo, ¿no nos da la sensación de que hay algo en él que no reconocemos en nosotros? ¿No supone la creación de homúnculos virtuales un pensamiento rizomático contra los poderes establecidos? ¿Y no tienen el mismo riesgo que todos los rizomas, la imposibilidad de su exterminio cuando se han vuelto malignos?


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