domingo, 2 de diciembre de 2012

Una cosa lleva a la otra

La historia es bastante conocida, y no voy a expandirme sobre ella. Los griegos han construido un caballo de madera que abandonan frente a los muros de Ilión (Troya). La discusión acerca de la realidad del artefacto equino no menoscaba que la tradición literaria y artística se haya basado en el relato homérico, o bien a través de la Eneida virgiliana. Pues bien: los troyanos, convencidos de su victoria, confían en que el caballo es una suerte de regalo o de ofrenda a los dioses, por lo que deciden llevarlo adentro de la ciudad, ignorantes de que en su interior el caballo llevaba a muchos de los mejores guerreros griegos que aprovecharon la noche para conquistarla.

Y es que la tradición literaria del caballo ha despertado la imaginación de muchos artistas que han soñado ese caballo, han viajado por esa suerte de pasillos interiores con sus cámaras en los que se albergaba aquel ejército mortífero cuyo peligro Casandra vaticinó en vano. La primera representación conocida se encuentra en un vaso de Míconos y data del siglo VII a.C.





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